Invitada al programa Ayisyen m ye, conducido por Mathias Pierre en Radio Télévision Caraïbes, Sandra Paulemon ofreció un testimonio denso, reflexivo y sincero sobre su compromiso cívico, su trayectoria personal y su visión del papel que deben desempeñar la juventud y la diáspora en la transformación de la sociedad haitiana. Lejos de los discursos trillados y las posturas políticas habituales, su intervención se destacó como un ejercicio de lucidez, respaldado por una trayectoria académica, profesional y humana construida a lo largo del tiempo.
Emprendedora, comunicadora, analista y doctoranda en la etapa final de sus estudios en políticas públicas con concentración en política social, Sandra Paulemon posee una licenciatura en Ciencias de la Comunicación, un MBA en Finanzas y una maestría en Relaciones Internacionales y Asuntos Exteriores. Este recorrido multidisciplinario fundamenta un enfoque del compromiso basado en la comprensión de las instituciones, las relaciones de poder y las dinámicas sociales, yendo mucho más allá de la simple conquista de cargos políticos.
Como excandidata a diputada por la circunscripción de Cornillon/Grand-Bois, nunca disocia la política de la noción de servicio. En el plató de RTVC Haití, explicó que su compromiso no es fruto de la improvisación ni del oportunismo, sino de una construcción progresiva nutrida por la experiencia, la observación y el trabajo de campo.
Sandra Paulemon no se define como una política clásica, sino como una mujer comprometida por convicción. Nacida en Puerto Príncipe y criada en Cornillon Grand-Bois, reivindica una identidad profundamente arraigada en las realidades populares. Proviene de una familia que ya estaba implicada en la vida pública: su padre, Jean-Baptiste Paulemon, fue notario público y magistrado comunal durante la época de los Duvalier, y su madre, costurera y militante de Lavalas. «No entré en la política por casualidad. Crecí en ella», afirma.
Reaccionando a esta presentación, el presentador Mathias Pierre subraya que ella proviene de dos polos políticos a menudo percibidos como opuestos, o incluso extremos. Una observación que Sandra Paulemon asume plenamente. Responde sin rodeos: «Mwen sòti nan de pôle politik ki chak gen yon jan yo wè Ayiti, epi chak gen yon jan pa yo, yo renmen Ayiti»(Vengo de dos polos políticos que tienen cada uno su forma de ver a Haití, y cada uno a su manera, ama a Haití). Esta respuesta resume su postura: rechazar las divisiones simplistas y reconocer la pluralidad de visiones, afirmando al mismo tiempo un apego común por el país.
Para ella, esta dualidad no es ni una contradicción ni una desventaja, sino una riqueza. Ve en ella la posibilidad de comprender a Haití en toda su complejidad, sin reducir el amor por el país a una única lectura ideológica. Se puede amar a Haití de formas diferentes sin ser necesariamente enemigos.
Un punto de inflexión decisivo en su trayectoria ocurrió a los 26 años. Mientras vivía en Estados Unidos, en Connecticut, disfrutando de un entorno estable y cómodo, tomó una decisión que muchos juzgarían irracional: regresar a Haití para involucrarse directamente en el terreno político. Esta elección, que asume plenamente, se inspiró en el ejemplo de su padre, quien también regresó a vivir a su país tras una experiencia en el extranjero. Explica haber comprendido que el impacto real se construye allí donde las necesidades son más urgentes.
Esta inmersión en Haití, lejos de ser idealizada, estuvo marcada por fuertes turbulencias políticas y sociales. Sandra Paulemon habla de un período formativo, a veces agotador, que contribuyó a forjar su personalidad y a afinar su visión ciudadana. Según ella, esos años le permitieron sobre todo medir la magnitud del déficit de educación cívica y de conocimiento del derecho en la sociedad haitiana, un hallazgo que considera fundamental para entender la fragilidad del vínculo entre los ciudadanos y las instituciones.
Ella estima que no se puede exigir una democracia funcional sin ciudadanos informados de sus derechos y deberes. Para ella, la ausencia de cultura cívica alimenta la manipulación política, la desmovilización ciudadana y la reproducción de prácticas de gobernanza desconectadas de las realidades sociales.
Su compromiso se inscribe también en una dimensión ideológica asumida. Se reconoce en los valores del partido Pitit Dessalines, que percibe como un intento de reconectar con los ideales de Jean-Jacques Dessalines: soberanía, justicia social y dignidad nacional. Sostiene que estos ideales siguen siendo una brújula pertinente para pensar el futuro del país, recordando al mismo tiempo que la ideología nunca puede sustituir al análisis crítico ni a la acción concreta.
Las grandes movilizaciones populares de 2015 constituyen otro momento estructural en su recorrido. La calle, la confrontación y, a veces, la violencia se convirtieron en una escuela política a cielo abierto. «No entré en política para vivir de ella, sino para trabajar», insiste. Este período, lejos de alejarla, reforzó su convicción de que el cambio real requiere resistencia, rigor y constancia.
Junto a su compañero Assad Volcy, inició posteriormente una transición hacia el periodismo cofundando Gazette Haïti News en mayo de 2017. El medio nació del encuentro de dos temperamentos diferentes pero complementarios, impulsados por una misma visión: informar con rigor, contribuir a la educación cívica y defender los derechos ciudadanos. Aclara que no era un medio de facción, sino una herramienta al servicio de la sociedad, reivindicando una independencia editorial asumida en un paisaje mediático a menudo polarizado.
Esta coherencia entre el discurso y la acción se manifiesta también en sus decisiones recientes. En 2024, cuando el Consejo Presidencial de Transición le propuso un puesto de dirección adjunta en la ONA (Oficina Nacional de Seguro de Vejez), declinó la oferta. Un rechazo que sorprendió a muchos, pero que ella justifica sin rodeos. Explica que los títulos no le interesan si no producen ningún impacto real en la vida de los ciudadanos.
Diez años después de sus primeros compromisos, Sandra Paulemon afirma no albergar ningún arrepentimiento. Cada etapa, incluidos los fracasos y las renuncias, ha contribuido a reforzar su postura y a afinar su visión. Hoy reivindica un compromiso multiforme —académico, empresarial, mediático y cívico— convencida de que la transformación social no pasa por un único canal.
Al final de la emisión, su mensaje a la juventud y a la diáspora es claro, casi exigente. Comprometerse, sí, pero sin búsqueda de reconocimiento ni obsesión por los cargos. «Mi único verdadero arrepentimiento sería traicionar aquello en lo que creo», afirma. Para ella, el regreso a Haití nunca debe ser un proyecto individual o narcisista. Se trata de venir para aprender, escuchar y comprender las realidades del terreno, y no para imponer soluciones prefabricadas.
Insiste en la importancia de las acciones de proximidad, a menudo modestas pero esenciales. Haití, según ella, necesita ciudadanos responsables, convencidos de que cada pequeña acción puede producir grandes resultados. Es un llamado a la humildad y a la constancia, en un contexto donde los discursos grandilocuentes han reemplazado demasiadas veces a la acción.
A través de su testimonio, Sandra Paulemon encarna otra manera de concebir el compromiso político: más sobria, más coherente, anclada en la ética del servicio en lugar de en la búsqueda del poder. En un país marcado por una profunda desconfianza hacia sus élites, su trayectoria recuerda que el compromiso puede seguir siendo un acto de coraje, responsabilidad y fe en lo colectivo.
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